Promovemos una educación personalizada.
La educación personalizada implica el respeto a la persona de cada alumno/a, a sus peculiaridades, ritmos de maduración, capacidades y proyecto de vida. Respetamos las diferencias individuales y fomentamos la dimensión vocacional inherente a toda existencia humana y cristiana.
Fomentamos el desarrollo intelectual.
Damos especial relieve al trabajo intelectual serio y riguroso, y procuramos que cada alumno/a llegue al máximo de sus posibilidades en este campo.
Cultivamos el trabajo en equipo.
Acentuamos la dimensión comunitaria del proceso educativo; favorecemos las diversas formas de trabajo en equipo y, a través de ellas, la cooperación y la solidaridad.
Educamos la creatividad y la capacidad de expresión.
Potenciamos en los alumnos/as la capacidad de expresarse creativamente en las distintas formas de lenguaje: verbal, escrito, plástico, corporal, musical,...
Educamos el sentido crítico.
Desarrollamos progresivamente el sentido crítico de los alumnos/as, tanto de si mismos como respecto de la realidad social, cultural y científica y fomentamos su capacidad de discernimiento e iniciativa personal.
Un colegio promotor de solidaridad.
Conscientes de que los estímulos empleados en la educación son muy importantes para el desarrollo social de nuestros alumnos/as, utilizamos aquellos que favorecen la formación en la solidaridad, y evitamos los que implican Individualismo y espíritu competitivo; los que significan menosprecio o desprecio de la persona; la exaltación egoísta del individuo, por encima del bien común y de la dimensión social de la persona; la ridiculización de actitudes; la admisión indiscriminada de los valores de la sociedad consumista; cuanto lleve a justificar el triunfo por encima de todo.
Una escuela generadora de igualdad.
Evitamos en nuestro centro actividades, situaciones y procesos que supongan una discriminación real por motivos físicos, económicos, culturales, étnicos intelectuales o religiosos para cualquiera de los miembros de la Comunidad Educativa. Para conseguir una verdadera integración fomentamos la comunicación cristiana de bienes y favorecemos a los más necesitados. Atentos a la llamada evangélica de la atención a los últimos, acentuamos nuestro esfuerzo educativo con aquellos alumnos/as menos dotados a nivel intelectual, humano o familiar.
Evaluamos continuamente nuestra acción educativa.
Convertimos la evaluación, entendida como proceso continuo que verifica el rendimiento de la Comunidad Educativa, en un estimulo y una orientación constante en la mejora de nuestra acción educadora, del proceso de enseñanza-aprendizaje y de todos los elementos del Proyecto Educativo.
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