LOS CAMINOS MARIANISTAS
El carisma marianista es una de las muchas formas que hay en la Iglesia de vivir esta experiencia religiosa cristiana. Se le puede definir por cuatro elementos fundamentales.
EL CAMINO DE MARÍA
El espíritu marianista es el espíritu de María. Ella es la primera gran creyente de la historia. Educar en el camino de María es, por un lado, proponerla como referencia a la hora de vivir la fe y, por otro, introducir en una relación personal con ella en la que sea posible dejarse transformar por su acción amorosa a imagen de su Hijo.
EL CAMINO DE LA FE
Se trata de la fe del corazón , es decir, una fe enraizada en el centro de la persona. Es una convicción profunda que se llega a convertir en la estructura central de la personalidad y en su fuente de energía.
Educar la fe exige, pues, hacerlo con una propuesta clara y explícita, prestar atención a su situación real, y acompañarla en la apertura libre y progresiva a la fe.
En este perspectiva los procesos de maduración humana y de maduración en la fe son inseparables. En realidad forman uno solo.
EL CAMINO DE LA COMUNIDAD
Nos referimos aquí a la comunidad inmediata en la que la fe puede brotar, alimentarse, celebrarse y expresarse. En esta comunidad se comparte la vida y la fe en un entramado de relaciones humanas de calidad marcadas por la búsqueda del bien de las personas. en la tradición marianista recibe el nombre de espíritu de familia .
EL CAMINO DE LA MISIÓN
La identidad marianista es misionera. Y la misión es, fundamentalmente la multiplicación de cristianos , es decir, la formación de personas y comunidades de fe.
Las necesidades de los hombres y los problemas de la sociedad, se convierten en llamadas a la entrega generosa a la misión.
Para educar en el camino de la misión hay que ayudar a valorar la fe como un tesoro que vale la pena comunicar, y a desarrollar la sensibilidad ante las necesidades de los demás y la capacidad de entrega.